Get Adobe Flash player

Opinion

Sábado, 14 Abril 2018 15:55

Martín Elías, un ángel que vela en el camino

Escrito por

Por Juan Rincón Vanegas – @juanrinconv

Hace un año partió sin regreso Martín Elías Díaz Acosta, ‘El Gran Martín Elías’, como lo bautizó su papá Diomedes. El joven artista dejó colgado en el árbol del recuerdo un costal de vivencias, un cuadro con imágenes que se quedaron pegadas en las pupilas de todos y un inmenso balde de lágrimas que aún se sigue derramando.

De esa tragedia quedó el testimonio del campesino Rodrigo Contreras, primer testigo del accidente ocurrido a siete kilómetros de la vía que comunica a San Onofre con Tolú, Sucre, en un sector rural conocido como ‘Aguas negras’.

Esa nefasta mañana, Rodrigo corrió a auxiliarlo, mientras que el artista le suplicaba que no lo dejara morir. Todo sucedió tan rápido, como el recorrido del vehículo donde se transportaba ese viernes santo, que las oraciones de sus familiares, amigos y seguidores fueron más kilométricas pidiendo por su vida.

Mensaje de Carlos Vives

Ante su muerte, miles de mensajes aparecieron untados de tristeza, teñidos con llanto, destacando que en su corto tiempo de vida artística logró pegarse en el corazón de miles de seguidores que lo acompañaban en sus conciertos y entonaban sus canciones.

Precisamente, uno de esos mensajes llevaba la firma del artista Carlos Vives, quien con el alma escondida en el dolor escribió: “Te fuiste muy pronto y nos quedamos sin ti; sin creerlo, sin entenderlo, sin aceptarlo, sin aceptar que el cuerpo destrozado en el pavimento era el tuyo! Sí, Martín, hemos llorado por ti.

No sabes lo feliz que estaba Claudia Elena… le contaba a todo el mundo que tú le habías puesto Paula Elena por ella. Te felicito, porque solamente un corazón tan lindo cultiva una familia tan hermosa. Viaja tranquilo Martín, ellos van a estar bien.

Lo que sí no voy a perdonarte es que en todas las veces que nos vimos no me hayas dicho que querías grabar conmigo. ¿Por qué no me dijiste nada? Por qué, cómo me lee Claudia en tus entrevistas, me veías tan lejos, si siempre he estado tan cerca de ustedes. Tú sabes muy bien que soy un artista que nunca soñó con irse de su tierra.

Pero no me dijiste que tenías un disco nuevo, y que había una canción que era para mí, que querías cantar conmigo. ¿Por qué no me lo dijiste?”.

Carlos Vives sigue pensando en ‘El gran Martín Elías’, y el próximo mes saldrá ese canto que el hijo de Diomedes Díaz siempre soñó.

Añoranzas de una madre

El lunes 18 de junio de 1990 a las ocho de la mañana nació Martín Elías, el hijo de Diomedes Díaz Maestre y Patricia Isabel Acosta Solano. “Mi hijo nació gordito, pero mi mayor emoción al ser madre por cuarta vez fue cuando lo pude tener en mis brazos y oírlo llorar”.

Diomedes, ‘El Cacique de La Junta’, no pudo estar en ese momento porque estaba de viaje realizando una presentación musical en Fundación, Magdalena, pero al llegar a su casa en Valledupar armó la más grande parranda. Estaba tan feliz, que de inmediato dijo que el nombre del nuevo hijo sería ‘El gran Martín Elías’, en homenaje a su tío Martín Elías Maestre Hinojosa, hermano de su mamá Elvira.

Por ejemplo, me diste una mujer

que ha sido, como la madre mía,

de Luis Ángel, de Santos Rafael

de Diomedes, y ‘El gran Martín Elías’.

Patricia Acosta continúa uniendo esos bellos recuerdos: “Martín siempre fue callado, risueño, noble, juguetón. Había que pagarle para que hablara. En nuestra familia todos teníamos que ver con él, por su manera de ser y por amarnos mucho. Su papá era su gran adoración, y sus padrinos: Gustavo Gutiérrez Maestre y Betsy Leonor Acosta Solano, mi hermana, sus consentidos”.

Entonces, pasa de manera veloz de la alegría a la tristeza: “Martín siempre fue el mismo. Me regaló muchas cosas materiales, pero me quedo con su inmenso amor, con su ternura, con su amabilidad, y con esos besos y abrazos que siempre llegaban a tiempo. Me hace mucha falta mi ‘Titi’ inolvidable”.

La mujer que inspiró varios de los éxitos de Diomedes Díaz agradeció a todos los seguidores del ‘Martinismo’ por querer tanto al menor de sus retoños, quien se ganó su propio espacio en el folclor vallenato, y solamente la muerte atajó su ascendente carrera musical.

Mira a lo lejos, piensa y entonces habla de sus dos nietos: Martín Elías Jr. y Paula Elena. “En ellos está reflejado todo lo que significó mi hijo. Abrazarlos es añorarlo a él”. Unas lágrimas visitaron sus mejillas, y no había lugar para una pregunta más.

Hace un año, Martín Elías estaba satisfecho con su nueva producción musical al lado de Rolando Ochoa, y tenía puestas las esperanzas en esas canciones vallenatas que hablan de historias pegadas al sentimiento, e interpretadas con su bendito corazón, donde la mayoría de veces habitaban alegrías, tristezas y el inmenso amor de sus Martinistas.

Despedida musical

La mañana de la despedida de los escenarios, 14 de abril de 2017, sucedió en Coveñas, Sucre. Martín Elías derrochó energía, talento, alegría, bromeó con sus músicos, regaló flores, interpretó esas canciones que hacían delirar a sus ‘Martinistas’, y como algo premonitorio, recordó a su papá diciendo que se encontraría con él.

“A mí me duele papá, porque se fue de mi lado, no me voy a preocupá, porque allá nos encontramos”. Erick Escobar, uno de sus coristas, al oírlo salió presuroso al paso del verso y dijo: “Pero todavía no”.

Esa imagen imborrable de sus últimos cantos, al igual que su sepelio en Valledupar, dan frecuentemente la vuelta por el mundo vallenato que no se resigna a la ley de la vida, sino que lo añora al notar que su ausencia duele más, mientras que sus cantos siguen sonando ‘Sin límites’ en la grabadora que sigue colgada en aquel árbol del recuerdo infinito.

…Y el mismo Martín Elías lo expresó en su último concierto: “No es tanto dar el paso, sino dejar la huella, y bien dejá”.

Domingo, 04 Marzo 2018 17:55

Carmelo Barraza Bolaños

Escrito por

 

Por: Celso Guerra Gutiérrez

Fue cajero vanguardistas de la música costeña, incluida la vallenata, tuvo gran figuración gracias a las innovaciones sonora que hizo con este instrumento, en los diferentes grupos donde milito.

Carmelo o “Nariz de Guacamaya”, como fue bautizado en la canción “Ripiti Ripita”, o la “cátedra”, legendaria puya “La Fiesta de los Pájaros”, de Sergio Moya, a la cual le imprimió su sello personal cuando la grabo al lado de Alfredo Gutiérrez, nació en la población de Ponedera en el departamento del atlántico, como siempre ocurre con los miembros del folclor, en un hogar de campesinos, conformado por América Bolaños y Alberto Barraza.

Sus padres se dedicaban a la fabricación de carbón vegetal en hornos, actividad que Barraza ejerció contra su voluntad, alterno este oficio desde muy niño con el toque de guacharaca y un tambor de lata, no hubo tiempo ni dinero para el estudio

A Carmelo no le gustaba ser carbonero, alardeaba con picardía del contraste de su piel blanca y sus ojos verdes con el tizne del carbón en su cara, este hecho lo motivo a embarcarse en bus del cual no sabía su destino, este lo llevo a Sincelejo, esta trashumancia caracterizó a Carmelo toda su vida desde los 12 años de edad.

Desembarco en la famosa Plaza Majagual, totalmente desorientado avistó y se le acerco a una señora que tenía una venta de fritos allí, le comento su escapada de la casa, a esta dama le conmovió la situación de desamparo de Barraza Bolaños y lo llevo a su humilde residencia que resultó ser la del Virgilio Barrera a quien enseño a tocar la guacharaca instrumento con el cual corono a varios reyes vallenatos y fue integrante por muchos años del Binomio de Oro.

Carmelo colaboraba con trabajos a la señora de los fritos, en sus ratos de ocio ya ejecutaba con maestría la caja, su popularidad como ejecutante crecía en la plaza Majagual, por recomendación hasta allí llego escéptico, Alejo Duran a escuchar este niño, grande fue su impresión al oírlo, inmediatamente lo incorporo a su grupo grabo las canciones “La Perra”, “Amor Comprado” etc.

En esas andanzas conoció a Alfredo Gutiérrez, ambos muy niños, Gutiérrez vivía en casa de Calixto Ochoa, con el cual se fue a tocar en buses urbanos y fiestas en los pueblos, Calixto estaba de moda con “lirio Rojo”, y recibió la propuesta de “Toño” Fuentes, propietario de la disquera para conformar una agrupación que rivalizara con Aníbal Velásquez quien imponía la Guaracha, nacieron “Los Corraleros de Majagual, fueron sus precursores, Alfredo, Calixto, Cesar Castro y Carmelo Barraza.

Al separarse Alfredo de “los Corraleros”, Carmelo siguió con “Alfredo Gutiérrez y sus Estrellas”, “Los Caporales del Magdalena”, “La Sonora del Cesar”, acompaño a Alfredo a coronarse rey vallenato, también integro la agrupación de Diomedes Díaz, fue unos de los damnificados al cual Alfredo dejo tirado y sin dinero en estados Unidos, Barraza visito con su música toda Centro y sur América, Holanda, Usa y Alemania.

Murió a la edad 67 años en el  2008 en Valledupar, agobiado por un cáncer colon.

Domingo, 25 Febrero 2018 16:24

Ocurrencias o Estrategias

Escrito por

Por: Miguel Maldonado Martínez     

Consultor Colombiano

Las campañas de congreso en el departamento del Cesar están alinderadas entre las campañas que se basan en las ocurrencias y unas pocas en tener una estrategia definida.

La gran mayoría se basa en las ocurrencias, no fueron planificadas ni diseñadas por un profesional o por un equipo o empresa especializada, sino que fueron montadas a las carreras por “neófitos” o por personas con más ganas que ideas, o con más afición que profesionalismo. Esto producto de la visión de los equipos directivos y candidatos que buscan economía a costa de resultados o efectividad.

Las campañas hay que profesionalizarlas, porque esto redunda en mejores resultados y mayor economía en los recursos destinados a la campaña.

Hay, eso sí valga la pena decirlo, muy poca oferta de empresas o profesionales capacitados en comunicación y marketing político en esta región, normalmente aparecen “expertos” de papel en épocas electorales, no más. O como el caso de uno que otro que por haber ido a un evento regional de marketing, ya se cree experto o experta, sin más argumentos que ser amigos del poder o de algún candidato, que prefiere ese riesgo a contratar a unos verdaderos expertos.

La falta de experiencia y profesionalismo es evidente en la mayoría de campañas, con unas dos excepciones todos hacen campaña tradicional, mucha campaña basada en la retórica del “Tamal”, muy poca creatividad y casi nula innovación. Eso se nota claramente en temas de imagen, social media o redes sociales, tácticas, investigación y eventos.

Ocurrencias Vs Estrategias

Las ocurrencias por si solas no pierden elecciones

Las grandes ideas son estratégicas y no publicitarias

Las mejores ocurrencias derivan de una creatividad montada sobre una estrategia clara, precisa y contundente.

La política a través de la comunicación es interacción, es conversación

Los resultados de las encuestas y los resultados que se materializaran el 11 de marzo mostraran eso, quienes tuvieron ocurrencias y quienes estrategia.

No hay productos; hay candidatos. Por eso, las organizaciones políticas deben comenzar a formar y a preparar a sus cuadros, para tener los mejores candidatos.

No hay ciudadanos en general; hay públicos objetivo (target groups). El mensaje y las campañas deben estar muy segmentados y basados en intereses, necesidades y problemáticas de cada uno de los segmentos, grupos o públicos.

No hay comunicación social, hay publicidad política. Por regla general, aquellas campañas que buscan “educar” al elector terminan perdiendo, principalmente porque ese breve periodo no es suficiente para modificar sustancialmente creencias, hábitos, opiniones y prácticas de los ciudadanos.

Nuestro principal objetivo es persuadir y convencer a un elector; la propuesta, el lanzamiento y la consolidación de una nueva cultura política debe ser una política de Estado.

No gana el dinero ni los recursos; gana la estrategia. Los recursos económicos, políticos, sociales, organizativos y humanos, juegan un papel muy importante en todas las campañas políticas, pero no necesariamente gana el candidato con más dinero, activistas o canales de difusión.

Como sucede en la guerra, con una excelente estrategia, unos cuantos soldados bien organizados, disciplinados y con funciones y objetivos claros, pueden contener e incluso vencer a un ejército numeroso y mejor armado.

Elementos fundamentales que debe tener tu campaña

Conocer al público: Se vuelve necesario investigar constantemente quiénes son los electores, dónde están, qué les interesa, cuáles son sus problemas y gustos, qué tipo de medios emplean, cómo se comunican, cuáles son sus actividades, hobbies y qué le apasiona.

Tener al mejor candidato: Es crucial que las organizaciones políticas entiendan que se debe lanzar a aquel candidato que tiene las mayores posibilidades de ganar.

Para ello, resulta indispensable hacer conciencia en dirigencia y militancia, de las desventajas que derivan del abanderamiento de aquellos que quieren acceder al poder por un simple capricho, porque son los que se sienten con el siguiente turno en la fila o porque tienen gran cantidad de recursos económicos.

Generar las mejores propuestas: Para convencer al electorado, toda campaña política debe sustentarse en propuestas tangibles, viables, con visión de futuro y que estén enfocadas en una meta muy clara, y precisa: solucionar los problemas reales de la gente. La argumentación de cada propuesta debe explicar detalladamente en qué va a beneficiar al ciudadano.

Convencer al electorado: En una campaña nunca debe perderse de vista que el votante es la figura más importante. Para convencer al votante es necesario contar con propuestas que estén enfocadas realmente en una mejoría de su calidad de vida.

La meta de nuestros esfuerzos es conmover al ciudadano, por lo tanto, durante la campaña deben ser creados mensajes y discursos que toquen sus fibras sensibles. En nuestros días, la gente no elige partidos políticos; elige candidatos y propuestas. La competencia no sólo se verifica en el terreno ideológico, sino en distintos frentes, cada uno con una lógica particular. La gente ya no cree en la ideología: cree en las personas. Cuando el público reconoce, aprecia o le cree al candidato, sigue con él. Cuando ni el candidato ni las propuestas son adecuados, el público busca una mejor opción.

Domingo, 18 Febrero 2018 10:26

¿Quién le teme a Gustavo Petro?

Escrito por

Por: Enrique Santos Molano

¿Por qué están amenazadas las vidas del candidato presidencial Gustavo Petro Urrego y de varios de los dirigentes del movimiento Colombia Humana que acompaña la candidatura de Petro? ¿Por qué han sido asesinados más de ciento veinte líderes sociales, dos de ellos, en los últimos días, activistas de Colombia Humana? ¿Quiénes le temen tanto a Petro que no vacilan en apelar al crimen para atajarlo en su camino a la presidencia de Colombia? ¿Por qué le temen? 

Excepto para la última, yo no tengo las respuestas a esas preguntas aciagas, que emanan de conversaciones oídas al azar, o que corren por las redes de internet o brotan en corrillos políticos desconcertados ante la extraordinaria cantidad de gente que desborda las plazas para escuchar con entusiasmo delirante (y sin echarle ‘abajos’ a nadie) las exposiciones de Gustavo Petro sobre sus programas de gobierno. “No lo dejarán llegar”, comentan muchos.

¿Quiénes no lo dejarán llegar? Quizá sean los mismos que han ejercido el poder en Colombia, “a sangre y fuego” por varias generaciones. Los mismos que traicionaron a Nariño en Pasto y después le hicieron la guerra sucia. Los mismos que luego de una guerra sucia plagada de mentiras intentaron asesinar al Libertador Simón Bolívar. 

Los mismos que asesinaron a Sucre en Berruecos. Los mismos que tras una guerra sucia, de odio encarnizado, les suministraron a Galarza y Carvajal las hachuelas para asesinar a Uribe Uribe en 1914. Los mismos que le hicieron a López Pumarejo una guerra, sucia como la que más, e introdujeron en Colombia el terrorismo dinamitero para impedirle al presidente López Pumarejo que profundizara en su segunda administración los programas de la Revolución en Marcha, iniciados en la primera, con lo que al fin lo obligaron a renunciar en 1945, un año antes de concluir su período presidencial. Los mismos que “atajaron” con tres balazos a Jorge Eliécer Gaitán en 1948. “Los mismos con las mismas”.

¿Por qué han sido asesinados más de ciento veinte líderes sociales, dos de ellos, en los últimos días, activistas de Colombia Humana?

Estamos en la etapa de la guerra sucia contra Petro. Para citar un solo ejemplo, que lo registra EL TIEMPO (13 de febrero del 2018), en un debate por las redes un escritor justamente célebre por la alta calidad de su prosa reveló “que el maestro Carlos Gaviria (q. e. p. d.) le confesó” (al famoso escritor) “en su momento que Gustavo Petro era un ‘tramposo’, porque cuando pertenecía a las directivas del Polo Democrático, cambiaba en las noches las actas de las discusiones para imponer su voluntad. Petro desmintió las revelaciones de Abad, pero el debate fue intenso. Aurelio Suárez, dirigente de izquierda, le dio la razón a Abad. También intervino Germán Vargas para acusar a la gente de Petro de ‘enviar hordas de vándalos para silenciar a sus opositores’”. 

Tenemos, pues, que según sus acusadores Gustavo Petro sería un tramposo, o incluso algo peor, un falsificador de documentos, lo cual constituye un delito grave que tiene sanción penal; pero el delito que cometen los acusadores de Petro no es menos grave y se llama complicidad y encubrimiento. Las revelaciones del famoso escritor dejan muy mal la memoria del maestro Carlos Gaviria Díaz. El venerado dirigente del Polo, a quien teníamos como un dechado de integridad, ya no lo parece tanto a raíz de lo que cuenta su amigo y pupilo. Si Petro era dirigente del Polo hacia 2010, y el maestro Gaviria Díaz falleció en marzo del 2015, ¿cómo es que nunca en un quinquenio puso una denuncia ante la Fiscalía, como era su obligación, y lo es de cualquier ciudadano que conozca de un delito, y solo se limitó a ‘confesarle’ el hecho a su amigo el escritor, quien tampoco puso la denuncia a que estaba obligado, y hasta hoy no saca a la luz un presunto acto delictuoso acerca del cual solo tiene como prueba la supuesta confesión de alguien (q. e. p. d.) que ya no puede ni corroborar ni desmentir el ‘hecho tramposo’ atribuido a Petro. El escritor hace su revelación tramposa en el momento oportuno en que Petro está adelante en las encuestas, y crece arrolladora la opinión en su favor. Ahora, para desprestigiarlo, hay que echarle agua sucia, tomada de cualquier charco. Que Aurelio Suárez apoye el dicho gaseoso de nuestro admirado Héctor Abad no significa nada. Aurelio está dispuesto a apoyar cualquier cosa que se diga contra Petro, por quien siente un odio patológico. Digno caso para el psicoanálisis. 

En cuanto a la acusación del candidato de sí mismo, Germán Vargas Lleras, también peca de oportunista. ¿Por qué no dijo, desde el principio de la campaña, que “hordas de vándalos” están silenciando a los opositores de Gustavo Petro? Una horda de vándalos no es algo que pueda pasar fácilmente inadvertido, y hasta ahora no las hemos visto en acción ni hemos oído que alguien, excepto Germán Vargas, las haya visto u oído. Mientras que las amenazas que llueven a diario sobre los activistas de Colombia Humana son tangibles. ¿Cómo están esas ‘hordas de vándalos’ silenciando a los opositores de Petro? ¿Será a coscorrones?

Todos los aspectos de la vida contemporánea que le interesan a cada uno de los habitantes de este país los va desarrollando Gustavo Petro.

Hagamos a un lado las amenazas de muerte y la guerra sucia, y lamentemos la falta de seriedad de algunos candidatos. Cuando escuchamos al doctor Vargas Lleras, nos da la impresión de que él es candidato ‘in partibus’ a la presidencia de Venezuela. No habla sino de Venezuela y de la angustia que le produce la situación en el país vecino. Debería angustiarse un poco por la situación en Colombia. El doctor Iván Duque, candidato del Centro Democrático, no posee otro discurso de fondo que alertarnos del peligro de la alianza de Petro con la Farc, alianza auspiciada por el presidente Santos para convertir a Colombia en otra Venezuela, lo cual explicaría la venezolanización del doctor Vargas. El doctor Fajardo es más cuidadoso, utiliza un lenguaje decente y no habla mal de sus contrincantes, pero tampoco presenta programas que motiven a la opinión. El doctor De la Calle no mueve una sola idea, y se explica. Con el respaldo del expresidente Gaviria tiene para estar bastante preocupado el candidato liberal. De los demás no digo nada porque ya casi que ni figuran en las encuestas.

Gustavo Petro está en contacto tú a tú con la gente, con los trabajadores, con los estudiantes, con los empleados, con los desempleados, con los millones de colombianos (mujeres y varones) que no han perdido la esperanza del cambio. Y les está explicando con detalle los programas de gobierno de la Colombia Humana, en una hora crucial para el mundo que libra hoy y librará en los años por venir una lucha sin cuartel entre el humanismo y el robotismo, para determinar si el futuro estará facturado por una sociedad humana desfigurada y dominada por las máquinas, o las máquinas pondrán al servicio de una sociedad humana liberada de la esclavitud del trabajo, equitativa y desarrollada en su plenitud. Todos los aspectos de la vida contemporánea que le interesan a cada uno de los habitantes de este país los va desarrollando Gustavo Petro, con dialéctica prodigiosa, en sus discursos. Por ello, no debe asombrarnos el caudal de opinión que lo rodea y crece día por día, ni debe extrañarnos que en las redes circule un ‘link’ con estas consideraciones: “Petro es un fenómeno político. Sin concejales, sin alcaldes ni gobernadores en el poder, sin publicidad, sin plata y sin alianzas, lidera las encuestas. Su única maquinaria es la gente que quiere el cambio de este hermoso país”.

¿Qué cambio es ese que Petro promueve y que la gente quiere? ¿Un cambio gatopardista para que nada cambie? Petro lo ha explicado en sus intervenciones públicas de los últimos tres meses, pero podemos sintetizarlo en lo siguiente: “Vamos a sustituir la corrupción por la decencia”. Y si hazaña semejante se logra, habremos dejado atrás nuestro pasado y presente feudal y Colombia será, humanamente, el país hermoso con el que soñamos. Parece utópico, pero está tan cerca de nosotros como seamos capaces de cambiar nuestra mentalidad, de voltear la fórmula actual (corrupción, cien; decencia, cero) por la contraria: decencia, cien; corrupción, cero. Los colombianos le han ido perdiendo el miedo al cambio, porque el verbo de Petro les ha hecho ver en qué consiste, los beneficios que traerá y el camino para alcanzarlo.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Tomado del Tiempo

 

Por: Juan Cataño Bracho

Dado que desde el descubrimiento de América nuestra historia es la historia de la depredación, el atropello y el exterminio; los colombianos no estamos acostumbrados a vivir en paz. Es lo que queda demostrado de la forma en que hemos recibido la culminación de los diálogos que sellaron el cese de hostilidades de las Farc hacia la población colombiana, que durante casi 60 años representaron la pérdida de más de 300.000 vidas y un daño a la infraestructura de proporción económica incalculable, cuanto más a los recursos naturales.  

No ha bastado reconocer que “que entre 1958 y 2012 el conflicto armado había ocasionado la muerte de por lo menos 220.000 personas, cifra que sobrepasa los cálculos hasta ahora sugeridos. A pesar de su escalofriante magnitud, estos datos son aproximaciones que no dan plena cuenta de lo que realmente pasó, en la medida en que parte de la dinámica y del legado de la guerra es el anonimato, la invisibilización y la imposibilidad de reconocer a todas sus víctimas. Además de la magnitud de muertos, los testimonios ilustran una guerra profundamente degradada, caracterizada por un aterrador despliegue de sevicia por parte de los actores armados sobre la inerme población civil. Esta ha sido una guerra sin límites en la que, más que las acciones entre combatientes, ha prevalecido la violencia desplegada sobre la población civil”.

Está más que demostrado que las ansias de poder y la necesidad han sido una de las principales causas de la guerra en Colombia y, por lo mismo, la lucha entre los que aspiran a poseerlo todo y los que nada tienen constituyen una de las lógicas de la lucha; dado que quien nada tiene amenaza la propiedad y quien lo tiene todo hace uso de las armas para defenderlo.

“La apropiación, el uso y la tenencia de la tierra han sido motores del origen y la perduración del conflicto armado. La investigación realizada para el informe sobre tierras en la Costa Caribe permitió documentar los históricos, persistentes y dinámicos procesos de despojo y apropiación violenta de tierras. Todos los informes ilustran la gradual convergencia entre la guerra y el problema agrario (despojos violentos, concentración ociosa de la tierra, usos inadecuados, colonizaciones y titulaciones fallidas). Pero a los viejos problemas se suman otros nuevos, que muestran las dinámicas inauguradas por el narcotráfico, la explotación minera y energética, los modelos agroindustriales y las alianzas criminales entre paramilitares, políticos, servidores públicos, élites locales económicas y empresariales, y narcotraficantes, todas ellas señaladas en el informe del GMH sobre tierras y territorios en las versiones de los paramilitares”.

Y no cabe dudas que entre la necesidad y el egoísmo gravitan la defensa y la oposición radical a un camino negociado hacia la paz, porque los unos aspiramos a tener un poco de lo que los otros tienen en demasía y los otros no estamos dispuestos a compartir lo que tenemos con los que nada tienen. Porque la paz es justicia social y “la justicia social se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos, más allá del concepto tradicional de justicia legal. Está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial y para que se pueda instaurar una paz duradera”.

Pero nuestro egoísmo, como la proclividad del hombre a la guerra, al la cual nos acostumbramos desde el mismo Descubrimiento de América, dado que este se dio casi superado el feudalismo en Europa a partir del cual se desplegó la voracidad por la tenencia de la tierra en el mundo y que en ésta parte del mundo se fraguó sobre la base del exterminio de los primitivos pobladores y siguió edificándose desde la apropiación injusta de la misma. Por algo Manuel Zapata Olivella considera, en Las Claves Mágicas de América Latina, que el exterminio contra los aborígenes se puede considerar un genocidio y todo por la necesidad del colonizador de hacerse a lo que por naturaleza le pertenecía a aquel inerme propietario.

Porque los colombianos somos dados a valorar más la propiedad privada que a la propia vida, se nos hace más asimilable la pérdida de un ser querido, por causas de la guerra, que perder el poder que nos transfiere la tierra y los bienes materiales. Porque nos acostumbramos a dar la vida por la tierra, antes que la tierra por la vida, no es posible que la paz sea una opción deseable y apetecible. Nótese como es común que nos matemos entre hermanos, por defender la tierra que creemos nos pertenece por herencia.

No hay que olvidar, además que: “La guerra ha sido también el recurso para impedir la democracia y la violencia el medio para acallar a críticos y opositores, para impedir la denuncia y evitar justos reclamos y transformaciones”.

Por lo que nos está pasando a los colombianos, no hay duda que a lo largo de la historia siempre han existido hombres que no han tenido escrúpulos en derramar sangre y llenar la vida de llanto y de dolor, a causa de la codicia, la venganza desmedida y de la tendencia a cobrarse la justicia por su cuenta.  

Página 1 de 15