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Opinion

Por: Juan Cataño Bracho

Dado que desde el descubrimiento de América nuestra historia es la historia de la depredación, el atropello y el exterminio; los colombianos no estamos acostumbrados a vivir en paz. Es lo que queda demostrado de la forma en que hemos recibido la culminación de los diálogos que sellaron el cese de hostilidades de las Farc hacia la población colombiana, que durante casi 60 años representaron la pérdida de más de 300.000 vidas y un daño a la infraestructura de proporción económica incalculable, cuanto más a los recursos naturales.  

No ha bastado reconocer que “que entre 1958 y 2012 el conflicto armado había ocasionado la muerte de por lo menos 220.000 personas, cifra que sobrepasa los cálculos hasta ahora sugeridos. A pesar de su escalofriante magnitud, estos datos son aproximaciones que no dan plena cuenta de lo que realmente pasó, en la medida en que parte de la dinámica y del legado de la guerra es el anonimato, la invisibilización y la imposibilidad de reconocer a todas sus víctimas. Además de la magnitud de muertos, los testimonios ilustran una guerra profundamente degradada, caracterizada por un aterrador despliegue de sevicia por parte de los actores armados sobre la inerme población civil. Esta ha sido una guerra sin límites en la que, más que las acciones entre combatientes, ha prevalecido la violencia desplegada sobre la población civil”.

Está más que demostrado que las ansias de poder y la necesidad han sido una de las principales causas de la guerra en Colombia y, por lo mismo, la lucha entre los que aspiran a poseerlo todo y los que nada tienen constituyen una de las lógicas de la lucha; dado que quien nada tiene amenaza la propiedad y quien lo tiene todo hace uso de las armas para defenderlo.

“La apropiación, el uso y la tenencia de la tierra han sido motores del origen y la perduración del conflicto armado. La investigación realizada para el informe sobre tierras en la Costa Caribe permitió documentar los históricos, persistentes y dinámicos procesos de despojo y apropiación violenta de tierras. Todos los informes ilustran la gradual convergencia entre la guerra y el problema agrario (despojos violentos, concentración ociosa de la tierra, usos inadecuados, colonizaciones y titulaciones fallidas). Pero a los viejos problemas se suman otros nuevos, que muestran las dinámicas inauguradas por el narcotráfico, la explotación minera y energética, los modelos agroindustriales y las alianzas criminales entre paramilitares, políticos, servidores públicos, élites locales económicas y empresariales, y narcotraficantes, todas ellas señaladas en el informe del GMH sobre tierras y territorios en las versiones de los paramilitares”.

Y no cabe dudas que entre la necesidad y el egoísmo gravitan la defensa y la oposición radical a un camino negociado hacia la paz, porque los unos aspiramos a tener un poco de lo que los otros tienen en demasía y los otros no estamos dispuestos a compartir lo que tenemos con los que nada tienen. Porque la paz es justicia social y “la justicia social se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos, más allá del concepto tradicional de justicia legal. Está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial y para que se pueda instaurar una paz duradera”.

Pero nuestro egoísmo, como la proclividad del hombre a la guerra, al la cual nos acostumbramos desde el mismo Descubrimiento de América, dado que este se dio casi superado el feudalismo en Europa a partir del cual se desplegó la voracidad por la tenencia de la tierra en el mundo y que en ésta parte del mundo se fraguó sobre la base del exterminio de los primitivos pobladores y siguió edificándose desde la apropiación injusta de la misma. Por algo Manuel Zapata Olivella considera, en Las Claves Mágicas de América Latina, que el exterminio contra los aborígenes se puede considerar un genocidio y todo por la necesidad del colonizador de hacerse a lo que por naturaleza le pertenecía a aquel inerme propietario.

Porque los colombianos somos dados a valorar más la propiedad privada que a la propia vida, se nos hace más asimilable la pérdida de un ser querido, por causas de la guerra, que perder el poder que nos transfiere la tierra y los bienes materiales. Porque nos acostumbramos a dar la vida por la tierra, antes que la tierra por la vida, no es posible que la paz sea una opción deseable y apetecible. Nótese como es común que nos matemos entre hermanos, por defender la tierra que creemos nos pertenece por herencia.

No hay que olvidar, además que: “La guerra ha sido también el recurso para impedir la democracia y la violencia el medio para acallar a críticos y opositores, para impedir la denuncia y evitar justos reclamos y transformaciones”.

Por lo que nos está pasando a los colombianos, no hay duda que a lo largo de la historia siempre han existido hombres que no han tenido escrúpulos en derramar sangre y llenar la vida de llanto y de dolor, a causa de la codicia, la venganza desmedida y de la tendencia a cobrarse la justicia por su cuenta.  

Martes, 16 Mayo 2017 06:16

A pedalear que la bicicleta te pone en forma

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En las primeras horas de la mañana es común observar en la vía al corregimiento de Patillal personajes de la vida pública como políticos, grandes empresarios y periodistas que se han agrupado de manera informal para pedalear sus bicicletas y quemar grasa, poner su cuerpo en forma y crear barreras para que una enfermedad cardiaca no lo coja mal parado.

“En la actualidad hay alrededor de 15 ó 20 grupos que recorren las carreteras hacia la vía Rio Seco - Patillal - Badillo u otros sectores cercanos a Valledupar.

Está científicamente comprobado y demostrado que la intensidad del ejercicio realizado al montar en bicicleta aporta excelentes beneficios a la salud, ya que al mismo tiempo que se ejercita la parte superior del cuerpo (pecho, espalda, hombros) se hace con la inferior (muslos, nalgas, pantorrillas), siendo uno de los más completos ejercicios que podemos realizar para mantener el cuerpo activo.

Los consejos
-Comprueba la presión de inflado de las ruedas y los mecanismos de cambio y freno.
–Infórmate sobre el recorrido: qué tramos son más difíciles, dónde podrás parar a descansar, etc.
-Elige bien el equipamiento. La ropa, el calzado y los complementos tienen que adecuarse al recorrido que se va a hacer.
-No olvides llevar agua. Lo ideal es coger, por lo menos, una botella más aparte de la que va sujeta en el soporte del cuadro de la bicicleta. La hidratación es vital pero hay que tener cuidado ya que beber demasiado y llenarse el estómago puede tener el efecto contrario. Bebe sorbos pequeños en vez de tragos largos.
-En cuanto a la comida, es importante ingerir hidratos de carbono. Las barritas energéticas suelen cubrir bien esta necesidad. Tomarse una cada dos horas más o menos es suficiente.
-Haz estiramientos tras el ejercicio en bici y cuida la alimentación. A menudo, dormir un poco después de comer para asimilar el esfuerzo del día.

Los beneficios
Montar en bicicleta supone un magnífico ejercicio cardiovascular que fortalece el corazón; además la participación de los músculos y de las articulaciones es máxima en número e intensidad durante el ejercicio del pedaleo. Está científicamente comprobado y demostrado que la intensidad del ejercicio realizado al montar en bicicleta aporta excelentes beneficios a la salud. Así lo constatan numerosos estudios realizados. Pedaleando al menos media hora se entrenan al máximo los cuádriceps y se tonifican y endurecen los glúteos. Los mayores beneficios de montar en bicicleta se obtienen además porque al mismo tiempo se ejercita la parte superior (pecho, espalda, hombros) y también la parte inferior del cuerpo (muslos, nalgas, pantorrillas), esto aporta beneficios directos sobre la salud resultando así uno de los más completos ejercicios que se pueden realizar para mantener el cuerpo activo.

Las normas

-Los conductores deben transitar por el lado derecho de las vías a una distancia no mayor a un metro de la acera u orilla.
-Nunca deben utilizar los carriles destinados al uso del transporte público.
-Los conductores y sus acompañantes tienen que vestir chalecos o chaquetas que los hagan visibles para los demás conductores, entre las 6:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana o cuando las condiciones climáticas o ambientales dificulten su visibilidad.
-Si conducen varios ciclistas en grupo, tienen que ir uno detrás del otro.
-No deben sujetarse de otro vehículo o viajar cerca de otro de mayor tamaño que lo oculte de la vista de los demás conductores.

Está comprobado que los que montan en bicicleta regularmente sufren menos enfermedades psicológicas y depresiones. Montar en bicicleta y pedalear es uno de los mejores antidepresivos naturales que existen.

Miércoles, 26 Abril 2017 06:22

Decisiones Controversiales

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Por: Celso Guerra Gutiérrez

El Festival Vallenato nació para atraer la atención de los habitantes de la región que no encontraban atracción en las festividades de la Virgen del Rosario, se creó para que estas fueran  llamativas y vinieran  muchas personas a esta celebración de la leyenda vallenata.

El duelo de acordeones comenzó en 1968, con los mejores de la época, Luis Martínez, Alejo Durán, Emiliano Zuleta, Ovidio Granados, la voz de Miguel Janeth, Toño Salas  canto de Leandro Díaz

El favorito, era “El Viejo” Emiliano; bastión dinástico  por sus dotes como acordeonero compositor, verseador  en la final de ese primer evento  no acudió al llamado del jurado.

El titulo  fue para  Alejo Durán, con su carisma y  canciones, sonando por todas partes  se ganó los afectos del soberano y jurado, segundo lo ocupó un joven  miembro de una dinastía  importante de la música vallenata, Ovidio Granados, Luis E Martínez;  no fue tenido en cuenta, porque no gozaba de los afectos de Rafael Escalona.

Argumentan  que la discordia entre Escalona y  “El Pollo ”, vino porque Martínez  no le grababa  canciones a Rafael  y no le amenizaba parrandas gratis.

Este fallo fue motivo de controversia por largo rato, incluso, Armando Zabaleta, compositor y  amigo de Martínez, se anticipó  a decir  en la canción “El Festival”, que el “Pollo” no volvería al ruedo festivalero.

Equivocado  estaba, Zabaleta, su amigo Luis E. Martínez, quería conquistar la corona del festival vallenato y volvió  al ruedo en 1971, donde su máximo rival era el barranquillero, Alberto Pacheco, quien esgrimía como argumento principal, el mismo estilo de Martínez.

Neófitos y entendidos, daban por descontado, el  triunfo de “El Pollo Vallenato”, era cuestión de trámite, errados  estaban los expertos,  al vaticinar el triunfo de este extraordinario acordeonero.

El 30 de abril, la región  se estremeció,  hubo desórdenes y caos por  el veredicto que dio como ganador al barranquillero. Los asistentes no daban crédito al fallo  y se desahogaron  con desmanes y pedreas.

No concebían o asimilaban que un “foráneo” le ganara a un acordeonero de la región.

Algunos contradictores de Martínez, hicieron circular el rumor, que el acordeonero se había presentado a la final del evento borracho, la gente de Luis Enrique desmintió esta versión.

Ese mismo año participó en canción inédita, el paisano de Martínez, Luis F Mendoza, con la canción “Despedida al Festival”. Mendoza, se va a Caracas frustrado al no ver a su paisano fonsequero, coronado  rey.

Allá  hace la canción de desagravio a Martínez  “Festival Vallenato”, narra  un recorrido por la  historia  del Festival  y los acordeoneros que habían sido coronados reyes, hasta 1971,  cuestiono la injerencia que tuvo  Escalona en ese  fallo de 1971, el cual fue considerado por Mendoza como  un despojo.

El canto causo un gran impacto en el país en la versión de Nelson Henríquez se convirtió  en una explosión de desahogo, fue un himno.

Alejandro Durán, compadre de Martínez, también grabó el canto  en solidaridad con su compadre; por el éxito avasallador, Consuelo Araujo considero que la canción fue de gran promoción en los inicios  del festival.

 

 

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

“El Festival de la Leyenda Vallenata es una poderosa fuerza cultural de hondas raíces y de grandes proyecciones que no podrá dejarse perecer”.

Consuelo Araujonoguera

La música vallenata germinó en buen terreno gracias al trabajo de Consuelo Araujonoguera, Alfonso López Michelsen, Rafael Escalona Martínez y un grupo de amigos que crearon en 1968 el Festival de la Leyenda Vallenata.

De igual manera, se reconoce el inmenso aporte del escritor Gabriel García Márquez, quien a través de sus notas periodísticas y sus libros lo patentó a nivel mundial.

La gran salida del folclor vallenato comenzó un mes de abril hace 50 años, cuando se reunieron en la plaza Alfonso López de Valledupar ocho acordeoneros y una acordeonera: Gilberto Alejandro Durán, Ovidio Granados, Luis Enrique Martínez, Alberto Pacheco Balmaceda, Emiliano Zuleta Baquero, Abel Antonio Villa, Antonio ‘Toño’ Salas, Alcides Moreno y Fabri Meriño, quienes buscaron la primera corona en el concurso de acordeoneros.

Carta profética

La profecía de Consuelo Araujonoguera escrita en su columna ‘Carta Vallenata’ de El Espectador, el viernes ocho de marzo de 1968, exactamente 50 días antes de iniciarse el primer Festival donde se coronó como Rey Vallenato Gilberto Alejandro Durán Díaz, se está cumpliendo al pie de la letra. ‘La Cacica’ dijo: “El vallenato con el tiempo se impondrá en el mundo”.

En el mes de abril se dibuja el círculo eterno del retorno donde figuran juglares, Reyes Vallenatos y esa amplia familia del folclor que a través de sus acordeones, cajas, guacharacas, cantos y versos le pone la nota precisa a una música que nació en los corrales y, que hoy es la mayor carta de presentación musical de Colombia ante el mundo.

La misma ‘Cacica’ lo señaló: “Para sacar adelante el Festival de la Leyenda Vallenata han sido indispensables noches de insomnio y días sin descanso para poder hacer todo lo que está hecho, pero hoy podemos decir que pese a que la tarea no está concluida, hemos logrado rescatar parte importantísima de nuestro pasado histórico, y echar las bases de lo que ahora es, sin discusión, la mejor imagen de Valledupar, de lo que los vallenatos somos y representamos

ante Colombia y el mundo. El Festival de la Leyenda Vallenata es una poderosa fuerza cultural de hondas raíces y de grandes proyecciones que no podrá dejarse perecer”.

El acordeón

El acordeón, instrumento vital para la interpretación de paseos, merengues, sones y puyas ingresó por Riohacha, La Guajira. Precisamente, en el libro ‘Vallenatología’, publicado en 1973, su autora Consuelo Araujonoguera reseña: “Cuando los acordeones llegaron a la Alta Guajira, presumiblemente a mediados del siglo pasado (1850 o 1854), ya los guajiros contaban con sus propios medios de expresión musical, y por lo tanto es probable que rechazaran un instrumento foráneo como el acordeón, el cual siguió su paso hacía otras regiones como las que ahora se llaman Media y Baja Guajira, y más concretamente hacía la provincia de Valledupar donde se asentó y se quedó definitivamente”.

También hace referencia a los primeros acordeoneros de esta amplia zona del país y, cita a José León Carrillo, Cristóbal Lúquez, Abraham Maestre, Agustín Montero, Francisco Moscote (Francisco El Hombre), Eusebio Zequeira, Ramón Zuleta, Fortunato ‘Fruto’ Peñaranda, Francisco ‘Chico’ Sarmiento, Luís Pitre, Francisco Irenio ‘Chico’ Bolaños, Juancito López, Fortunato Fernández, Fulgencio Martínez, Juan Muñoz, Eusebio ‘El Negro’ Ayala, Francisco ‘Pacho’ Rada y Carlos Araque. “A partir de aquí comienza la generación de los costumbristas, que tuvo sus precursores en Emiliano Zuleta Baquero y Lorenzo Morales Herrera”.

Carta internacional

Cuando el departamento del Cesar se alista para celebrar sus 50 años de creación, y el Festival de la Leyenda Vallenata ya prepara la fiesta que rendirá los máximos honores a sus creadores es meritorio recordar que la música vallenata ha llegado a los más distinguidos escenarios de Europa, Asia y África.

De igual manera, la música primigenia que nació en los corrales de vaqueros y mulatos cuenta con una categoría en los codiciados Premios Grammy, su presencia es de carácter obligatorio en los más importantes eventos de Latinoamérica, y los canales privados de la televisión colombiana se disputan el rating con seriados basados en la vida y obra de protagonistas de la música interpretada con acordeón, caja y guacharaca.

La auténtica música vallenata tomó mayor auge con la creación del Festival de la Leyenda Vallenata que ha sido su mayor vitrina y más cuando se declaró la canción ‘Ausencia sentimental’, ganadora en 1986, como himno del certamen porque tiene sabor a parranda, a música, a encuentro con amigos, a nostalgia, al balneario Hurtado; ingredientes que la incrustaron en el corazón del pueblo.

“El que nunca ha estado ausente no ha sufrío guayabo

hay cosas que hasta que no se viven no se saben,

creo escuchar en el aire un paseo bien tocado

deliro esperando que alguien me llame del Valle”.

Todo lo indicado llega a su cauce con la declaratoria del vallenato como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad, que es el sello para los bellos cantos que se han paseado por los oídos del mundo llevando ese mensaje de estos pueblos que a base de acordeón, caja y guacharaca se volvieron universales.

 

Jueves, 20 Abril 2017 06:03

Afán Irreflexivo

Escrito por

Por: Celso Guerra Gutiérrez

Multitudinaria despedida le dio el pueblo costeño y principalmente Valledupar a su joven ídolo cantor Martin Elías Díaz  Acosta, fallecido trágicamente en una maltrecha y desvencijada  carretera del departamento de Sucre.

El  exceso de velocidad y el frenesí de su agitada carrera musical lo llevó  a la tumba, como ha sucedido con otros artistas del folclor Vallenato, este trágico final de sus vidas  es   consecuencia de la alta cotización que ha alcanzado la música vallenata en los mercados de la región y allende nuestras fronteras, el dinero, la fama y el comité de aplausos más cercano los ha vuelto irreflexivos.

La prudencia parece que se acabó dice Silvestre Dangond en una de sus canciones, y aplica bien en este momento aciago que vive la música vallenata.

La demanda que tienen nuestros más representativos artistas, los lleva a firmar dos  o más   presentaciones en un mismo día en distintas partes, los mánager en su afán de mostrar resultados económicos  obedecen estas órdenes que pone a los cantantes de la nueva generación a volar en los caminos de herraduras que tenemos, mal llamadas carreteras con consecuencias nefastas.

Vives lo dijo  en las coplas que publicó lleno de dolor cuando supo el deceso del cantor amigo.

Ay Ombe maldito el afán de la vida y la suerte traicionera  /Maldito el que se roba la plata de las carreteras.

Hasta lo políticos corruptos tienen responsabilidad en este hecho según Vives, a pesar que un fallo jurídico dijo lo contrario  en caso similar de Kaleth Morales Troya.

Poncho Zuleta lo dijo en famosa entrevista a radio Guatapurí, reproducida por varios medios, concedida  el viernes santo a las dos de la tarde, estando todavía caliente el cuerpo sin vida de Martin Elías

“El afán de la vida, no es más que los altos volúmenes de dineros que manejan los artistas vallenatos, los ha vuelto clientes voraces de la sociedad de consumo, los vemos en carros de alta gama convertidos en símbolo de sus éxitos, a extremas  velocidades, vértigo que  ha llevado a varios  a la sepultura”.

“La rivalidad entre los músicos vallenatos  no es solo artística, o el que tenga más éxitos en las emisoras, redes sociales o tv, es de ostentación, del carro más costoso, las prendas, las casas más lujosas, las marcas de ropas más exclusivas,  más contratos bailables para una semana o un mes, estas banalidades les alimenta el ego hasta el extremo de exponer sus vidas en pos de sus logros”. 

Se han vuelto  indomables, la sencillez, base para encantar a  las masas, es cosa del pasado, Martin era la excepción en este aspecto, sus seguidores resaltan su sensibilidad social, ejemplo palpable su grupo que debía constar de 12 integrantes, estaba compuesto por 38 nominalmente.    

Lamentó Iván Villazón, “el andar en  buses que da más seguridad en las carreteras  a los cantantes de la nueva generación le parece  corronchera,”, inclusive han olvidado la calidez del hogar por entregarse de lleno a la embriaguez del poder que da el  dinero y la fama.

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