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Politica

El jefe de estado agradeció al congreso su trabajo para hacer posible el proceso de paz y les recordó el compromiso que tendrán ahora en la implementación de los acuerdos y la aprobación de las reformas necesarias para materializar el fin del conflicto en Colombia. 

Invitó a todos los partidos a promover la participación en el plebiscito y a la oposición a que haga parte del debate pero no con mentiras y mitos sobre el proceso. 

“No les digo que hagan campaña por el SÍ o por el NO –ya saben muy bien que el SÍ está en mi corazón y en el de millones de colombianos–…Pero sí les puedo pedir a todos –sin excepción– que promuevan un debate de altura y con ideas, con argumentos y no medias verdades, con realidades y no con mitos, para que los colombianos, libremente –¡libremente!–, definan su futuro”, indicó. 

Añadió que el voto por el SI a la paz no es un respaldo al gobierno o al presidente. 

“Y quiero ser claro –como lo he repetido muchas veces–: la paz no es mía. La paz no es de mi gobierno…¡Cómo va a serlo! La paz es demasiado grande para tener dueño”, indicó. 

El jefe de estado recordó los éxitos de la anterior legislatura y señaló que este congreso ahora tendrá que legislar para el posconflicto. 

Lea el discurso completo del presidente Santos 

Hace justamente dos años, en este mismo recinto sagrado de la democracia, pronuncié una frase que hoy puedo decir que fue profética. 

Dije entonces –al instalar las sesiones del nuevo Congreso elegido por el periodo 2014-2018– que este sería EL CONGRESO DE LA PAZ. 

Qué bueno volver hoy al más alto cuerpo legislativo de Colombia para decirles, honorables senadores y representantes, con gratitud en el alma –una gratitud que representa el sentimiento de millones de colombianos–, que han cumplido. 

¡Gracias, muchas gracias, Congreso de Colombia, por ser el Congreso de la Paz! 

Las leyes y reformas que ha aprobado esta institución –con sentido de patria y de futuro– marcan el rumbo de la mayor transformación de nuestra nación en muchísimo tiempo. 

Su trabajo –en conjunto con el Gobierno nacional y con otras instancias del Estado– ha pavimentado el camino de la paz y la reconciliación de los colombianos, que es como decir el camino de vuelta a la normalidad. 

Porque por más de medio siglo no hemos sido un país normal. 

Por más de medio siglo hemos cargado con el lastre de un conflicto interno armado que nos genera el estigma de ser el país “diferente” del continente. 

Mientras otros han superado dictaduras y duros tiempos de violencia, nosotros seguíamos enredados en una confrontación contra la más grande y más antigua guerrilla del hemisferio, como si el fin de la Guerra Fría no hubiera sido notificado en nuestro suelo. 

¡Teníamos que soltar este lastre! 

Teníamos que quitar este obstáculo del camino de nuestro desarrollo y nuestro progreso social. 

¡Teníamos que entrar por fin al tercer milenio! 

Hoy –luego de más de tres décadas de intentos por los diferentes gobiernos que han liderado la nación– lo estamos logrando de la mano de ustedes y de todos los colombianos. 

Y no me refiero solamente a las iniciativas legislativas que han permitido el mejor desarrollo del proceso de paz y que asegurarán la debida implementación de los acuerdos. No. 

La paz –lo sabemos bien– es mucho más que el fin del conflicto armado con la guerrilla. 

La paz exige también reformas que garanticen un mayor desarrollo, una mayor equidad y una mayor convivencia en nuestra nación, y esas reformas las hemos hecho juntos, no solo desde el 2014, sino desde el 2010, cuando muchos de ustedes acompañaron iniciativas de enorme trascendencia. 

La historia examinará el trabajo del Congreso de la República en estos dos periodos, y no me cabe duda de que hablará de un Congreso que produjo las iniciativas más progresistas de su tiempo y que avanzó más que ninguno en la garantía de los derechos de los colombianos. 

En las últimas seis legislaturas el Congreso y el Gobierno nos la hemos jugado por una agenda que está cambiando para bien la vida de nuestros compatriotas. 

Por las víctimas, que por fin tienen una ley y unas instituciones que velan por sus derechos, que avanzan en su reparación y en la devolución de sus tierras despojadas. 

Por las regiones, que han mejorado su capacidad de gestión y la equidad de sus ingresos con normas como la reforma a las regalías y la ley de ordenamiento territorial. 

Por la solidez de nuestra economía, con legislación innovadora como la reforma constitucional y las leyes que nos imponen una disciplina fiscal, garantizando así unas finanzas sanas y recursos para los colombianos más vulnerables. 

Por el empleo, con normas como la Ley de Primer Empleo, la reducción de las contribuciones parafiscales, y –en esta última legislatura– la Ley de Empleo Juvenil. 

Por nuestros pobres, para seguir reduciendo la pobreza –como lo hemos hecho en los últimos años más que en ningún otro periodo de nuestra historia– con iniciativas como la Ley de Vivienda Social o la ley que convirtió en política de Estado el programa Más Familias en Acción. 

Por nuestra salud, con leyes que mejoraron la financiación de los hospitales, y nada menos que una ley estatutaria que consagra la salud como un derecho fundamental y es el primer estatuto de un derecho social en la historia de nuestra Constitución. 

Por nuestros niños y nuestros jóvenes, al aprobar en los últimos dos años presupuestos donde la educación es el sector con más recursos asignados, gracias a lo cual estamos implementando programas como Todos a Aprender, Ser Pilo Paga, el Bilingüismo y la Jornada Única, y construyendo más infraestructura escolar que nunca antes. 

Debo destacar y agradecer, señores congresistas, la ley que aprobaron este año y que convierte a la Estrategia Integral por la Primera Infancia “De Cero a Siempre” en política de Estado. 

Esta es una cruzada que hemos dado desde el mismo inicio del gobierno para que todos los niños entre 0 y 5 años, y las madres gestantes, tengan atención integral, pues sabemos que son la mejor inversión para el futuro. 

Con esta ley, ustedes han dejado sembrada la semilla de la mayor transformación de Colombia, que es la que se realiza desde la primera fase de la vida, y quiero agradecerles por eso. 

Y quiero también resaltar y reconocer –ante el país– el compromiso de mi señora María Clemencia con este programa tan especial, del que ha sido su mayor impulsora. 

¿Y por quién más hemos trabajado el Congreso y el Gobierno? 

Por nuestro campo, con iniciativas como la Ley de Financiamiento Rural, y la que autoriza la creación de las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social –las Zidres–, para promover la inversión y los proyectos productivos en las áreas más desaprovechadas del país. 

Y por nuestra justicia, con los nuevos códigos Administrativo, General del Proceso y Penitenciario; con el Estatuto de Arbitraje; la eliminación del incentivo económico de las acciones populares; la Ley de Arancel Judicial; la que amplió las fuentes de financiamiento de la justicia, y –por supuesto– la Reforma de Equilibrio de Poderes. 

Aun con las partes de esta reforma que no se podrán aplicar –por recientes fallos de la Corte Constitucional–, hay que resaltar su trascendencia, comenzando por la eliminación de la figura de la reelección no solo del Presidente sino de todos los altos dignatarios del Estado. 

Colombia avanza así hacia una democracia más ágil y participativa, que garantiza –además– el relevo generacional. 

Destaco el nuevo Código de Policía –aprobado por ustedes– que actualiza una normatividad que viene de hace más de 40 años, y dota de mayores y más eficaces herramientas a la Policía para proteger la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos. 

Y hemos hecho algo muy importante –muy importante–, que es producir una legislación de avanzada que vela por los derechos de las minorías, que incluye a los excluidos, y responde a las realidades y necesidades de los tiempos actuales. 

Normas como la ley contra la discriminación; la ley para personas en situación de discapacidad; la ley para las víctimas de violencia sexual; la ley de feminicidio; la ley que regula el uso y producción de la marihuana para uso medicinal… 

O las leyes que han mejorado las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras del servicio doméstico; de las madres comunitarias; de los voluntarios; de los bomberos –que pasaron de tener una inversión anual de 800 millones de pesos ¡a 30 mil millones de pesos!–, y la Ley de Protección al Cesante. 

Todas estas normas representan logros concretos en la garantía de los derechos sociales de los colombianos, y me ratifican en la convicción de que la agenda que hemos cumplido en los últimos seis años constituye un salto histórico para el país. 

Y significa algo más… Significa que las grandes reformas que transforman a Colombia, reformas progresistas y de avanzada, las estamos haciendo –como debe ser– desde las instituciones republicanas y democráticas, y no desde las armas, no desde la revolución, no desde el autoritarismo. 

Siéntanse orgullosos, señores congresistas, de hacer parte de este cambio, que nos lleva a una nueva Colombia: una Colombia con mucha más equidad, con más progreso, con más educación y –como siempre la hemos soñado– ¡UNA COLOMBIA EN PAZ! 

Por eso, ¡cómo no resaltar y agradecer las importantes iniciativas que aprobaron en el último año para hacer realidad el más grande anhelo de los colombianos! 

En primer lugar, el acto legislativo para la paz, que establece los procedimientos para implementar y blindar jurídicamente los acuerdos alcanzados en la Mesa de Conversaciones, con la salvedad fundamental de que solo regirán luego de que los colombianos –con su voto– ratifiquen el Acuerdo Final. 

La conjunción del Gobierno, del Congreso, de la Corte Constitucional y del voto ciudadano dotará a los acuerdos que pongan fin al conflicto de la máxima legitimidad. 

Para cumplir con dicha refrendación –y con la promesa que hice a mis compatriotas desde cuando inició el proceso de paz–, ustedes también aprobaron la ley estatutaria que regula el plebiscito para este fin, un procedimiento que esta misma semana fue declarado exequible por la Corte Constitucional. 

Así que será el pueblo –y nadie más– quien tenga la última palabra sobre si acepta o no lo acordado en La Habana. 

Como gobernante, tengo la plena certidumbre sobre la seriedad, la responsabilidad y la prudencia con que se llevaron a cabo las negociaciones, y por eso confío en que los colombianos darán vía libre a este camino hacia la paz. 

Ustedes –congresistas–, como representantes de sus regiones y de sus partidos, deben ser los primeros en promover este mecanismo de participación popular. 

No les digo que hagan campaña por el SÍ o por el NO –ya saben muy bien que el SÍ está en mi corazón y en el de millones de colombianos–… 

Pero sí les puedo pedir a todos –sin excepción– que promuevan un debate de altura y con ideas, con argumentos y no medias verdades, con realidades y no con mitos, para que los colombianos, libremente –¡libremente!–, definan su futuro. 

Finalmente, aprobaron ustedes en la pasada legislatura la prórroga de la ley de orden público que da herramientas al Estado para adelantar los procesos de desarme, desmovilización y reinserción a la vida civil. 

Un desarme que será verificado y monitoreado nada menos que por las Naciones Unidas. 

Este Congreso le ha cumplido al país, y sé que le seguirá cumpliendo. 

En la legislatura que hoy comienza ustedes tendrán el reto de aprobar las leyes y reformas que se requieran para implementar los acuerdos de paz, reformas todas que son benéficas para Colombia, y que tendríamos que acometer tarde o temprano. 

En otras palabras, les llegó el momento de completar su misión: 

Porque este Congreso de la Paz ¡será ahora el Congreso del Posconflicto! 

Y les corresponderá también aprobar un presupuesto sensato, responsable, para el año 2017, y debatir la reforma tributaria estructural que vamos a presentar este semestre, la cual debe generar ingresos fiscales que garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas y la continuidad de nuestros programas sociales. 

Será una reforma que mejore nuestro sistema impositivo, haciéndolo más progresivo, más equitativo, más simple y más eficiente. ¡De eso se trata! 

Así seguiremos construyendo –juntos– un nuevo país del cual nos sintamos orgullosos; una nación mejor, una nación viable, una nación normal, sin guerra, para nuestros hijos, para nuestros nietos y para las próximas generaciones. 

Apreciados congresistas; queridos colombianos: 

Hace 206 años exactamente, a pocos metros de donde ahora mismo nos encontramos, un grupo de patriotas cambió la historia con su valor y su determinación. 

Hoy nos reunimos para celebrar ese grito de independencia que nos llevó a ser la república libre y democrática que somos. 

Hoy –más de dos siglos después– tenemos nosotros, ¡nosotros!, la oportunidad de oro de consolidar esa libertad y esa democracia, y de poner punto final a una guerra interna que nos ha desangrado por décadas. 

¿Quién, en Colombia, recuerda haber vivido un solo día sin tener noticias del conflicto armado? 

¿Cuándo hemos pasado una sola mañana, una sola noche, sin ver en la televisión o escuchar en la radio sobre enfrentamientos, bombas, soldados y policías muertos o heridos, y guerrilleros también muertos o heridos? 

Tenemos que admitirlo: ¡nos acostumbrarnos a la barbarie! 

Porque la guerra siempre es eso: una barbarie. 

La guerra es la derrota de la razón y la deshumanización del hombre. 

Hay que reconocerlo, con tristeza: estábamos perdiendo la capacidad de ser compasivos, de indignarnos con la violencia, de sentir el dolor del otro, de conmovernos con su sufrimiento. 

Nos acostumbramos a la guerra y a su lógica de odio y venganza… ¡Y eso tenemos que cambiarlo! 

Porque la paz –por difícil que sea alcanzarla– siempre será mejor, ¡siempre será mejor y menos costosa que la guerra! 

Hoy, por primera vez, estamos viendo –al final del túnel– la luz radiante que nos anuncia el comienzo de un nuevo horizonte para nuestra nación: uno donde NO nos matemos por nuestras ideas; donde todos podamos caminar juntos, así pensemos diferente. 

La firma –hace menos de un mes– del acuerdo sobre el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, y sobre el procedimiento y cronograma para el desarme de la guerrilla ha sido la mejor noticia en mucho tiempo para los colombianos. 

Y no solo para nosotros, sino para el mundo entero, que ve con alegría la inminente terminación del último conflicto armado del Hemisferio Occidental. 

El pasado 23 de junio –desde La Habana– hice un reconocimiento especial, indispensable, justo, que hoy quiero reiterar desde el centro mismo de nuestra capital y de nuestra democracia. 

Quiero hacer un homenaje de gratitud y admiración –y sé que expreso el sentir de todos los colombianos– a nuestras Fuerzas Militares y a nuestra Policía Nacional. 

Su sacrificio, su sentido del deber, su compromiso con la defensa de la libertad, han sido esenciales para llegar a este momento. 

Sin ellos –sin nuestros soldados de tierra, mar y aire, y nuestros policías– la paz no sería posible. 

Esta mañana presenciamos –emocionados– el desfile de nuestras Fuerzas Armadas en homenaje a nuestra independencia, y tuvo un significado muy especial. 

Porque no fue un desfile cualquiera: ¡este fue el desfile de la victoria! 

Porque LA PAZ ES LA VICTORIA… 

La paz es la victoria de todos los soldados y policías de nuestra patria. 

¡Y la paz es la victoria de todos los colombianos! 

Por eso, nuevamente, ¡todo el honor y toda la gloria, toda la gratitud y el reconocimiento, a los héroes de nuestras Fuerzas Armadas! 

Y gracias, muchas gracias, a nuestro Congreso, y gracias a nuestras cortes y a nuestras instituciones, y gracias a los ciudadanos que voten SÍ en el plebiscito… porque todos están llevando a nuestra patria a contemplar un nuevo amanecer. 

Ahora bien, ¿la firma del Acuerdo Final será la solución a todos los problemas del país? 

No, por supuesto que no. Nadie dice eso. 

El fin del conflicto será el comienzo de un periodo de arduo trabajo para construir la paz en cada rincón del territorio… 

Para llevar los servicios del Estado a las zonas más golpeadas por la guerra… 

Para sembrar en los corazones y en las mentes de todos una cultura de tolerancia y convivencia que reemplace a esa otra cultura de enfrentamiento y exclusiones que tanto daño nos ha hecho. 

Ahora –señores congresistas– es cuando más necesitamos el esfuerzo del país entero para que la semilla de la paz crezca y se convierta en un árbol fuerte y frondoso que nos dé frutos de desarrollo y progreso social. 

Vamos a seguir trabajando por el empleo, por la reducción de la pobreza, por mantener el crecimiento de la economía, por aumentar las oportunidades para los más vulnerables, pero con una gran diferencia: ¡ya no cargaremos –ya no cargaremos– con ese lastre pesado y odioso de la guerra! 

Sin guerra, habrá más recursos para la educación, para la salud, para la vivienda, para la justicia, para el campo, para la protección del medio ambiente,

para aumentar la cobertura de servicios básicos… 

Y algo muy importante: sin guerra habrá más recursos para la seguridad ciudadana, porque los hombres y equipos destinados a enfrentar a las FARC podrán destinarse a proteger mejor a los ciudadanos y a combatir los restantes factores de inseguridad. 

Sin guerra, vendrán muchos más inversionistas y muchos más turistas, con lo que esto significa en la generación de empleo. 

Sin guerra, Colombia entrará por fin al siglo XXI, con el orgullo de haber superado una tragedia que nos duró más de medio siglo. 

Colombianos: 

Hoy no he querido hacer el clásico recuento de realizaciones del Gobierno que acostumbramos los mandatarios en este discurso anual. 

Se ha hecho mucho en todos los frentes; hay avances, pero somos los primeros en reconocer que falta mucho, muchísimo camino por recorrer. 

Pero si lo hacemos juntos –unidos– llegaremos más lejos. 

Hoy quiero convocar a todos mis compatriotas a proteger, a defender, a imaginar, a soñar, a hacer posible el bien supremo de cualquier sociedad, la base fundamental sobre la que podemos levantar un país mejor y más justo: LA PAZ. 

Este es un momento para unirnos –no para dividirnos– en torno al mayor propósito de nuestros tiempos. 

La paz que lograremos con la guerrilla –Dios mediante– debemos ambientarla también en nuestros hogares, en nuestros trabajos, aquí mismo en el Congreso, en las calles y en las veredas de Colombia. 

La paz se hace en nuestros corazones, reconociendo el valor del otro, encontrando la riqueza que trae la diferencia, y creyendo –de verdad– que somos capaces de vivir en una sociedad reconciliada. 

No nos quedemos anclados en el odio o en el miedo. 

No nos quedemos enterrados en el pasado. 

Llegó la hora de concentrarse en las posibilidades del futuro. 

Llegó la hora de comenzar –unidos– a hacer realidad los sueños. 

Apreciados congresistas: 

Este puede ser el último 20 de julio que tengamos que conmemorar en un país en guerra. 

¡De todos nosotros depende que así sea! 

Por eso –con toda la fuerza de mi corazón– los invito a que digamos –convencidos– ADIÓS A LA GUERRA, ¡SÍ A LA PAZ! 

Este periodo que comienza puede ser –y debe ser– el primero en que ustedes, los legisladores, y todos los colombianos, vamos a saber lo que es vivir y trabajar en un país que recorre –optimista– el camino de la convivencia. 

Con esta convicción, con esta esperanza, con este entusiasmo vivo en el alma… declaro oficialmente instalada la legislatura del Congreso de la República para el periodo 2016-2017.

 

El Presidente de la República, Juan Manuel Santos, celebró este lunes la aprobación por parte de la Corte Constitucional de la realización del plebiscito y afirmó que este ejercicio electoral abre una posibilidad única de cambiar el rumbo de Colombia.

“Esta es una oportunidad única para cambiar el rumbo de nuestra nación –en beneficio de nuestros hijos– y dirigirla hacia un destino de paz, con más equidad, más oportunidades, mejor educación”, manifestó el Jefe de Estado en una alocución desde la Casa de Nariño, tras conocerse la decisión del tribunal constitucional.

El Mandatario recordó que la posibilidad de refrendar los acuerdos de paz fue su promesa desde que comenzó el proceso.

“Ese fue un compromiso solemne con mis compatriotas. Me comprometí con ustedes a hacerlo porque la paz es un propósito y un objetivo nacional, de todos los colombianos sin excepción”, expresó. 

Subrayó que la paz se construye entre todos y para todos. 

“La contribución de todos –jóvenes y adultos, mujeres y hombres–, sin importar su ideología, es necesaria para construir esa Colombia que queremos: Una Colombia en paz, libre de las cadenas del sufrimiento y la violencia… una violencia que, por su crueldad y duración, nos ha arrebatado hasta la compasión”, señaló.

El Presidente Santos explicó que en ese camino, el punto de partida será la votación popular para aprobar los acuerdos de paz”. 

“Será un momento histórico –verdaderamente histórico– en el que tendremos la oportunidad y la responsabilidad de hacer sentir nuestra voz, porque lo que está en juego es de enorme importancia”, continuó. 

Y aseguró que “probablemente es la decisión de voto más importante que cada uno de nosotros tendrá que tomar en toda su vida”. 

Preguntó a los colombianos si quieren sentar las bases de un país que deja atrás la violencia para entrar a un camino de respeto y convivencia, y si quieren dejar enterrados en el pasado los días terribles donde se enfrentaron a muerte entre hijos de una misma nación. 

Advirtió que frente a esas preguntas, los ciudadanos no pueden hacerse a un lado y dejar que la decisión la tomen otros. 

Sin embargo recalcó que en Colombia el voto es un derecho, así como lo es no participar, y agregó que respeta profundamente ese derecho. 

“Pero hay momentos en la vida y en las democracias en los que la indiferencia NO puede ser la opción. ¡Este es uno de ellos! Su derecho al voto será más importante que nunca”, subrayó el Jefe de Estado.

Manifestó también que “el objetivo es claro: terminar un conflicto cruel y doloroso que ha durado demasiados años y que ha producido demasiadas víctimas, demasiado sufrimiento”. 

“Lo que queremos los colombianos es que no haya más víctimas; que podamos vivir sin miedo y con tranquilidad”, añadió el Presidente. 

Hizo énfasis en que esta será una paz sin impunidad. 

“Cansados de la violencia, los colombianos también queremos una democracia generosa y abierta, donde todos podamos participar”, continuó el gobernante e indicó que “el plebiscito es una de esas formas de participación popular, en la que pueden expresarse todas las voces y las ideas”. 

El Presidente de Colombia sostuvo que con el visto bueno que dio la Corte Constitucional “lo que nos falta es terminar de discutir y acordar, a la mayor brevedad, los temas que están pendientes, y entonces –solo entonces– podremos afirmar que todo está acordado”.

“Y cuando todo esté acordado, convocaré al plebiscito en los términos señalados por la ley y se publicará el texto completo del Acuerdo Final. Y se hará una gran pedagogía para que todos y cada uno de los ciudadanos estén enterados de lo que se acordó, y para que decidan libremente –a conciencia y bien informados– si lo apoyan”, dijo.
El Mandatario concluyó invitando a los colombianos “a trabajar para construir –como lo soñó nuestro premio Nobel Gabriel García Márquez– “una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir; donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad; donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

La presidenta de la Corte Constitucional, María Victoria Calle, señaló que para el alto tribunal el proyecto de ley que establece un plebiscito para la paz cumplió con el trámite de ley por lo que lo declaró ajustado a la Carta Política.

“La corporación declaró que estaba acorde con las reglas de la Constitución, es decir, que se habían respetado todas las reglas del procedimiento legislativo en ese proyecto de ley estatutaria”.

Sobre el título del proyecto la Corte lo avaló con la condición de que “se interprete que el acuerdo final es una decisión política y la refrendación a la cual alude el proyecto de ley no implica por sí misma una incorporación de lo acordado en el articulado de la Constitución, ni del ordenamiento jurídico colombiano”, precisó la presidenta de la Corte.

La magistrada al explicar la posición que asumió la Corte frente a cada uno de los 6 artículos del proyecto de ley, señaló que este será devuelto a los presidentes de Senado y Cámara para que lo envíen a sanción presidencial.

Sobre el primer punto del proyecto de ley que establece el plebiscito por la paz la magistrada indicó que fue declarado conforme a la constitución.

El segundo, sobre reglas especial, como el umbral del 13% o el deber de someterlo a aprobación del Congreso, también pasó el examen.

A las campañas por el plebiscito la Corte le incorporó una prohibición para vincular contenidos que promuevan partidos, movimientos políticos o candidaturas a cargos de elección popular.

Para la Corte el artículo 3 que hace referencia al carácter vinculante del plebiscito “la corte decidió que solo puede tener ese carácter respecto del Presidente de la República”.

Frente al artículo cuarto, sobre la remisión normativa a otras leyes relacionadas con mecanismos de participación también recibió el aval de la Corte.

Al artículo 5, que tiene que ver con la divulgación del acuerdo final se declaró de acuerdo a la Constitución bajo la condición de que “se entienda que la publicación del acuerdo final se realizará simultáneamente con la presebntació0n del informe del presidente de la república al Congreso acerca de su intención de convocar a un plebiscito, con el fin de que el Congreso y el pueblo puedan conocer oportunamente el contenido de lo acordado”.

La Corte especificó que la publicación del acuerdo debe incluir a personas con discapacidad y las comunidades que hablen otras lenguas distintas al español.

Sobre el artículo 6, que habla de la entrada en vigencia de la ley, fue declarada constitucional.

 

El senador José Alfredo Gnecco Zuleta anticipó que si bien en su agenda legislativa está anotado un paquete de gestiones y proyectos de ley de su autoría, los temas prioritarios de la tercera legislatura, que arrancará este miércoles 20 de julio, serán todos los que giren alrededor de la paz y el posconflicto.

El Congresista subrayó que el periodo legislativo que se avecina trascenderá en la historia por cuenta de los actos legislativos y leyes que deberán tramitarse y aprobarse para formalizar los acuerdos de paz con las Farc.

Dijo que confía en que la Corte Constitucional avale el plebiscito para que los colombianos tengan la posibilidad de votar a favor o en contra de los acuerdos alcanzados con las Farc en La Habana.

“En junio pasado, al cierre de la segunda legislatura, aprobamos una reforma constitucional denominada Acto Legislativo para la Paz, que plantea el trámite y aprobación de iniciativas de ley solamente después de la refrendación de los citados acuerdos”, explicó.   

Además del paquete de proyectos que conformarán la agenda de paz y de la elección del Procurador General, el Legislador cesarense indicó  que las iniciativas de su autoría, los temas de control político y las gestiones para apalancar el progreso de las regiones también tienen espacio en el registro de tareas programadas para esta legislatura.

En ese sentido, recordó que al Senado llegará para su aprobación el proyecto de ley de ampliación de la licencia de maternidad de 14 a 18 semanas, presentado conjuntamente con el representante Cristian José Moreno. Esta iniciativa ya cumplió su trámite en la Cámara de Representantes.

Otra de sus iniciativas, que confía será ley de la República en este periodo, es la que prohíbe a las eps cobrar a sus afiliados el servicio en épocas de suspensión. El objeto general de este proyecto de ley es  “garantizar el ejercicio efectivo del derecho a la salud, buscando que la suspensión de la afiliación al sistema de seguridad social en salud en el régimen contributivo, conlleve a que no se causen intereses cuando el trabajador independiente incurra en mora con el sistema de seguridad social en salud, se prohíba el cobro de aportes posteriores a la interrupción de la cobertura y se permita la normalización del servicio a quienes realicen acuerdos de pago”.

El senador José Alfredo Gnecco también radicó un proyecto de ley que ya hace trámite en el Congreso, cuyo objeto es  rendir honores al maestro Gilberto Alejandro Durán Díaz, declarando el 2019 como el año conmemorativo de su vida y obra, aprovechando la celebración del natalicio del juglar.

Entre los honores propuestos por el Congresista cesarense, se encuentra la construcción de una escultura de Alejo Durán, que será ubicada en un lugar referente del municipio de El Paso, Cesar, cuna del juglar. La elaboración de la obra será encomendada a un escultor colombiano, escogido con base en un concurso de méritos que abrirá el Ministerio de Cultura para tal efecto.

De la misma manera, José Alfredo Gnecco Zuleta sugiere al Gobierno Nacional declarar Patrimonio Cultural de la Nación al Festival “Pedazo de Acordeón”, que anualmente se celebra en homenaje al maestro Alejo Durán.

Adicionalmente, el Proyecto de Ley plantea la construcción y adecuación de una casa museo, para preservar la vida y obra de Gilberto Alejandro Durán Díaz.

 

El presidente Juan Manuel Santos reveló que envió una carta al expresidente, Álvaro Uribe Vélez, convocándolo a un diálogo para buscar consensos que les permita superar las diferencias en torno al proceso de paz.

Desde La Guajira, el mandatario dijo que envió la primera misiva que ha escrito al ex líder del Centro Democrático, "respetando nuestras diferencias, nuestros diferentes puntos de vista".

"Creo que al país, al país sobre todo, a él y a mí, al Gobierno, a todos los colombianos nos conviene que como personas civilizadas nos sentemos a tratar de identificar todo lo que nos une, y nos une muchísimo sobretodo el futuro de Colombia", consideró el presidente Santos.

En la misiva que reveló Casa de Nariño, el mandatario le dice a Uribe que, "el pueblo colombiano y la historia así lo exigen. Sin sacrificar nuestros principios ni nuestras convicciones, creo sinceramente que podemos trabajar conjuntamente en la construcción de un país mejor y en paz".

"En esa dirección, estoy dispuesto, junto con el equipo negociador del Gobierno, a reunirme con usted para escuchar sus inquietudes y abrir un diálogo constructivo", le dijo el mandatario insistiendo en un encuentro para intentar sumarlo al proceso de paz.

El siguiente texto es la carta enviada por el presidente Juan Manuel Santos al expresidente de Colombia, senador de la República y director del Centro Democrático Álvaro Uribe Vélez.

Bogotá D.C., 10 de julio de 2016

Doctor ALVARO URIBE VELEZ Expresidente y Senador de la República Ciudad

Respetado expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez:

Usted y yo hemos sido elegidos presidentes de la República, la más alta dignidad que otorga el pueblo colombiano, y recibimos de nuestros compatriotas un mandato para liderar el país hacia un mejor futuro, más seguro y más próspero. Cada uno de nosotros asumió esa responsabilidad con entereza y convicción, a la luz de lo que el país requería en su momento histórico, y con la mente y el corazón puestos en un mañana mejor.

Esa responsabilidad nos impone igualmente el deber de liderar con el ejemplo, para guiar al país por un camino de reconciliación y no de enfrentamientos.

Convencido de esto, decidi escribirle esta carta para invitarlo, desde el fondo de mi corazón, a que nos ayude, con su indiscutible liderazgo y sin abandonar su independencia crítica, a aprovechar la oportunidad única de paz que se abre a los colombianos y producir asi el cambio que nos lleve a un futuro mejor para todos, en especial para las nuevas generaciones.

Con ese propósito trabajamos juntos cuando usted me hizo el honor de nombrarme como su ministro de Defensa. Me siento orgulloso de los resultados que obtuvimos en la consolidación de la seguridad democrática. Como presidente, continué asestando los mayores golpes a los grupos armados ilegales, al crimen organizado y la delincuencia común. También redoblamos los esfuerzos para acelerar la efectiva disminución de homicidios y secuestros que se inició en su administración.

En los últimos años, junto con nuestros valientes soldados de tierra, mar y aire, y nuestros policías, usted y yo hemos dado los pasos que nos llevaron a esta coyuntura histórica. Si hoy las FARC están en un proceso de paz que ha avanzado como ningún otro, listas a dejar las armas y reintegrarse a la sociedad, se debe en buena parte a esos reiterados y contundentes éxitos. Y se debe también a que retomé las conversaciones discretas para avanzar en una solución negociada -como en el mundo de hoy debe terminar toda guerra asimétrica- que su gobierno comenzó.

Presidente Uribe: esta ha sido una negociación seria, juiciosa, ponderada, realizada por un equipo negociador con personas de la más alta credibilidad y experiencia, incluidos quienes fueran su comandante general de las Fuerzas Militares, su director general de la Policía Nacional y su alto comisionado de Paz.

¿Qué estamos obteniendo los colombianos con este Acuerdo? El fin de la guerra y sus innumerables víctimas, un campo en paz con verdaderas opciones legales y reales de desarrollo económico, el fortalecimiento de nuestra democracia y que nuestra Colombia deje de ser estigmatizada como tierra de violencia.

Las FARC entregan todas, todas sus armas a las Naciones Unidas, abandonan el secuestro y la extorsión, rompen sus vínculos con el narcotráfico y la minería ilegal, cesan los ataques a la fuerza pública y a la población civil. Es la consecuencia del cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo cuyas reglas se pactaron el pasado 23 de junio.

Las FARC, al desmovilizarse y dejar de existir como grupo armado, inician su tránsito hacia la vida civil. Los que quieran continuar su lucha política deberán abrirse camino sin armas en nuestra democracia.

Los miembros de las FARC deberán someterse al sistema de justicia transicional que se estableció. No habrá amnistía para los responsables de graves crímenes de guerra o delitos de lesa humanidad. Estos serán investigados, juzgados y sancionados por la jurisdicción especial de paz y deberán someterse a una restricción efectiva de su libertad entre 5 y 8 años, siempre y cuando digan toda la verdad sobre lo que sucedió y contribuyan a la reparación de las víctimas. De lo contrario, tendrán penas de prisión de hasta 20 años. Es decir, no hay impunidad. Y si llegaran a reincidir, perderán todos los beneficios.

Los terceros, los que no son ni miembros de las FARC ni agentes del Estado, y que hayan participado de forma "determinante" en la comisión de delitos atroces con ocasión del conflicto también podrán someterse a esta justicia transicional. Los civiles que hayan sido obligados a pagar vacunas o rescates serán considerados víctimas, no victimarios.

Todas las actuaciones relacionadas con el conflicto de los miembros de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, como guardianes de la libertad y la democracia, se presumen legales. Todo lo contrario sucede con las actuaciones de la guerrilla que se presumen -todas- ilegales. Aquellos agentes del Estado que hayan cometido algún delito relacionado con el conflicto podrán acogerse voluntariamente a la justicia especial de paz con los mismos beneficios. Evitaremos de esta forma que se repita la injusticia de ver a exguerrilleros totalmente amnistiados y en libertad, mientras nuestros soldados y policías acaban purgando largas penas en la cárcel.

Este proceso de paz es el primero en el mundo en el que la prioridad son las víctimas y sus derechos. Esto parte del reconocimiento de más de 7 millones de víctimas que ha dejado el conflicto armado, de las cuales 8 de cada 10 han sido civiles. Las víctimas recibirán justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. Los colombianos podremos vivir sin esa macabra y tenebrosa fábrica de víctimas que hemos tenido que soportar en estos últimos 50 años.

Durante décadas se ha venido hablando de la necesidad de eliminar la desigualdad y el atraso que sufren nuestro campo y nuestros campesinos. La guerra, el desplazamiento forzado, la falta de claridad sobre la propiedad de la tierra, lo han impedido. Con la paz, podremos por fin iniciar la verdadera transformación del campo. Llegará más inversión, más presencia del Estado, más oportunidades y más progreso. El campo se convertirá en ese motor de crecimiento que todos esperamos.

Con el fin de la guerra podremos ser más efectivos en la superación del problema de la droga. El Estado se concentra en combatir a las grandes mafias. Los campesinos cultivadores no serán tratados como criminales, recibirán apoyo para tener alternativas económicas legales. Con la paz y una fortalecida presencia del Estado, los resultados serán más eficaces y permanentes. El domingo pasado se inició el primer plan piloto de colaboración con las FARC para tal fin.

Por último, y como debe ser el objetivo de todo proceso de paz, aprovecharemos esta oportunidad para robustecer y ampliar las bases de nuestra democracia. Se pretende que todos los colombianos puedan participar, ser escuchados y decidir su futuro con tranquilidad y sin temor.

Tenemos una oportunidad de oro que requerirá un gran esfuerzo por parte de todos los colombianos. Lo invito a usted y a sus seguidores a participar en el diseño de ese nuevo país que todos queremos, de esas nuevas reglas que garanticen, por ejemplo, los derechos de la oposición y mejoren nuestro sistema electoral.

Estamos a tiempo de demostrar que la paz que se logra con los adversarios armados de más de medio siglo debe acompañarse de un espíritu de concertación y trabajo entre quienes obramos siempre desde la democracia y dentro de la ley.

El pueblo colombiano y la historia así lo exigen. Sin sacrificar nuestros principios ni nuestras convicciones, creo sinceramente que podemos trabajar conjuntamente en la construcción de un país mejor y en paz. En esa dirección, estoy dispuesto, junto con el equipo negociador del gobierno, a reunirme con usted para escuchar sus inquietudes y abrir un diálogo constructivo.

Hoy tenemos la oportunidad única de transformar nuestro país para el bienestar, la tranquilidad y el mejor futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos, que no tienen por qué seguir sufriendo este conflicto.

Como lo señaló el papa Francisco, "no podemos permitir otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación".

Un cordial saludo, Juan Manuel Santos

 

El procurador General, Alejandro Ordóñez, formuló pliego de cargos contra el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, por la presencia de las Farc en el corregimiento de Conejo, municipio de Fonseca, La Guajira, el pasado 18 de febrero.

El documento ya fue firmado y en este se busca determinar si se presentaron faltas disciplinarias por haberse retirado a la Fuerza Pública, durante el tiempo que estuvo la guerrilla de las Farc en el corregimiento de Conejo, lo cual podría constituir una violación a la Ley 418 de 1997 que en el parágrafo 1º del artículo 8º prescribe que “en ningún caso podrán establecerse órdenes especiales de localización a la Fuerza Pública para la creación específica de zonas de ubicación o de despeje de cualquier parte del territorio nacional”.

Esto con el fin de poder determinar si las Fuerzas Militares y de Policía dejaron desprotegida a la población civil del corregimiento Conejo del municipio de Fonseca en el departamento de La Guajira e indefensa en manos de las Farc.

Esta investigación deberá determinar, entre otras cosas, si con dicha desprotección se permitió el uso por parte del grupo guerrillero de un establecimiento educativo, con estudiantes del Conejo, configurándose una presunta infracción al derecho internacional humanitario y una violación a la Constitución Política que impone a las autoridades proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra y bienes.

La decisión también cobija al general Juan Pablo Rodríguez, comandante general de las Fuerzas Militares; Alberto José Mejía Ferrero, comandante General del Ejército de la República; Pablo Alfonso Bonilla Vásquez, comandante de la Décima Brigada Blindada. 

Se creará una comisión que incluya los movimientos sociales de izquierda como La Marcha Patriótica y el Congreso de los Pueblos, partidos con personería jurídica y dos expertos delegados de la mesa de La Habana para que redacten este documento y se pueda materializar la promesa de un estatuto de oposición consignada en la constitución del 91 pero que hasta ahora ha sido imposible implementar.

Se acordó además que en las próximas dos semanas organizaciones como Foro Por Colombia, Viva la ciudadanía y el CINEP entregaran a la mesa de La Habana una propuesta para la realización de un encuentro nacional en donde se pueda discutir el contenido de un proyecto de ley de garantías y promoción de la participación ciudadana que cobije a los futuros movimientos políticos que surjan después del afirma del acuerdo final.

Finalmente se convoca también la creación de una misión electoral especial la cual tendrá que entregar al gobierno nacional una propuesta de reforma electoral y que estará integrada por 7 expertos de la MOE, el Centro Carter, los departamentos de Ciencia Política de la Universidad Nacional y de Los Andes además del Instituto Holandés para la democracia multipartidaria.

Quedaría pendiente en este punto de participación en política, cuantas curules y por cuantos periodos se le otorgarían a la circunscripción especial de paz y cuál sería el mecanismo para que los jefes de la guerrilla puedan llegar a cargos de elección popular.