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Domingo, 12 Marzo 2017 19:24

¿Qué significa Prostituir el Vallenato?

caricatura Vallenata 

Por: Juan Cataño Bracho

Dado que el término prostituirse también puede aplicarse, de manera figurada a alguien que: “habiendo efectuado una actividad o teniendo un cierto talento que le permite manifestarlo dignamente, decida utilizarlo de otra manera por dinero”. Además es aplicable a la “persona que usa de manera deshonrosa su autoridad o cargo, por propia decisión”; considero que se puede usar para referirnos al fenómeno que amenaza con desvirtuar la esencia del vallenato auténtico.

Este tema me ha sido sugerido por el contenido de algunos CDs, publicados bajo la consideración de vallenato y que en última es el “pataleo” de alguien que lucha por mantenerse en los primeros lugares de aceptación en el ámbito musical.

Prostituir el vallenato es asaltar el talento, la reputación y el buen nombre, que se conquistó en otro tiempo;  para tratar de mantenerse vigente sin que importe desdibujar aquella gran labor.

Prostituir el vallenato es prestarse, un cantante clásico, para interpretar “cantos” que no se igualan a la calidad, ni en temática, ni en melodía; a aquellos obras que en otro tiempo se hicieron inmortales en la voz del mismo interprete. Además de querer mantenerse vigente cuando ya la calidad interpretativa que se exhibió en otro tiempo ha dejado su lugar.

Prostituir el vallenato es seguir ejerciendo de compositor, esforzándose por asimilar las temáticas contemporáneas, que a leguas se nota que le son extrañas; cuándo se constituyó en clásico por sus aportes de otras épocas y que por respeto a su propia dignidad debiera hacerle honor a su pasado glorioso.

Prostituir el vallenato es hacerse incluir en los trabajos musicales, a través de letras que responden más al sentir del intérprete que al sentir del compositor, que de bulto se nota es un producto presionado por la circunstancia, pero no por la circunstancia emocional del autor.

Prostituir el vallenato es hacer alegoría a temas y personas que no obedecen a la tradición, dignidad, importancia y significado de aquellos temas que dieron trascendencia a los cantos que se convirtieron en clásicos de nuestra música. No hablamos de la categoría de personajes, sino a la categoría de referentes culturales.

Prostituir el vallenato es no guardar la coherencia temática y el ritmo que edifica un buen canto, y hacer, antes que un buen canto vallenato, la caricatura de una realidad que no se siente ni se merece solo por la necesidad de hacer parte de la nómina de artistas que le dan vida a un trabajo.

Prostituir el vallenato es no aceptar el relevo generacional, admitir la fuga de las condiciones de otros tiempos y el paso inexorable de aquel “cuarto de hora” que le convirtió en celebridad del arte musical auténtico y que le permitió ser reconocido como paradigma cultural del Valle de Upar u otras latitudes donde se cultiva el arte de cantar en aires de paseos, puyas, merengues y sones; alejándose de la ritma, de la métrica,  redundando en el versolibrismo y transportando paisajes que no se compadecen con nuestra naturaleza, ni con nuestro lexicón.

Prostituir el vallenato es hacer cantos por encargos de la sociedad de consumo y que por lo tanto no trascienden, no identifican nuestra cultura, ni afectan positivamente nuestra sociedad, apartándose de la función narrativo – descriptiva, y que, por lo tanto no cumplen el propósitos de ser  ni instrumentales ni consumatorios.

Prostituir el vallenato es no mantener la compostura en la controversia musical, pasando de la copla artística, en donde prima la estética y la sublimación de las condiciones personales; al agravio musical con primacía de la ofensa, el improperio, la injuria y la calumnia.

Prostituir el vallenato es abandonar las figuras literarias, dejar de lado la anécdota respetuosa y graciosa e internarse en el fraseo carente de estética y consideración por el personaje o la musa en referencia.

Prostituir el vallenato es no admitir que “todo cambia con el tiempo” y es inevitable sentirse extraño cuando las condiciones nos han abandonado y se arriesga la dignidad de haber representado a una gloria de nuestro folclor, y solo conviene dar un paso al costado.

 

Publicado en Opinion