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Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Ya los cumpleaños para el Rey Vallenato Alberto ‘Beto’ Rada no tienen la misma efusividad porque cuenta que le hace falta su complemento. Hace seis meses falleció su esposa María del Socorro Andrade.
En medio de ese difícil camino donde se juntan por los designios del destino la alegría con la tristeza, está el hombre perseverante, amante del vallenato tradicional y entregado a su querida familia.
El pensamiento vuela en su cerebro hasta que aterriza en su corazón y entonces señala. “Los cumpleaños no serán lo mismo porque me hace falta mi amor eterno María del Socorro Andrade”. Al expresar estas palabras no aguantó la fuerza del sentimiento y se puso a llorar.
Ya calmado dice que llega a los 79 años, la mayoría vividos con un acordeón al pecho como todo un juglar. Tocando, componiendo y cantando.
“Me llené de esas emociones que colman el corazón. Puedo decir que en el marco de mi corazón están mis padres Francisco Rada y María Ospino, mi esposa, María del Socorro Andrade, mis ocho hijos, toda mi familia y haber sido Rey Vallenato después de intentarlo en 15 ocasiones”.
Sigue enfilado en su historia y expresa que tiene tres acordeoneros que fueron su espejo. Su papá, Francisco ‘Pacho’ Rada, Luis Enrique Martínez y Alejandro Durán. “De esa trilogía es mi escuela y toda la vida he sido fiel a ese legado. Ellos, son la mezcla ideal del vallenato puro”.
De un momento a otro regresa a hablar de su cumpleaños donde comenta que ha pasado mucha agua debajo del río donde quedaron registradas todas sus hazañas musicales que dan para escribir varios libros.
“Mis años ya son pocos. Vivo enfermo y ahora mi delirio son mis canciones, mi gran desahogo. Esas canciones me dan la fortaleza necesaria al lado de mi familia para todos los días levantarme con fe y esperanza. Para la muerte estoy preparado. No le tengo miedo porque estoy a paz y salvo con Dios”.
Calló por unos instantes. Pidió un pedazo de panela para afinar su garganta y continúo con su relato. “Me faltó poco por hacer. Todo lo que he realizado está bueno. He servido al vallenato con amor y espero nunca olviden a este viejo que no pidió nada y dio mucho”.

La sonrisa de Beto

Conociendo el mundo de los músicos saltó la pregunta de la fidelidad. No lo dudó un instante y contestó en medio de una sonrisa. “No rayé a la esposa mía. Me cuidé de tener hijos por la calle, cosa que me llena de orgullo. Y eso en medio de los afanes de la música es casi que imposible, y más en ese tiempo cuando un acordeonero era lo máximo”.
Cambió de tema de manera inmediata y dijo sentirse feliz porque varios de sus hijos y nietos han seguido la senda del folclor vallenato. “Sembré en terreno fértil”, es su conclusión.
Todo giraba alrededor de su vida, pero de repente volvió al amor eterno. Tomó su acordeón y cantó.

A mi María nunca la puedo olvidar
yo siempre la recuerdo en la nota,
me daba muchos consejos todos los días
y era muy bonita, linda en realidad.

El Rey Vallenato Alberto Constantino, nombre heredado de su abuelo paterno, volvió a llorar. Mary, su nieta lo consoló y le dijo. “Abuelo, no llore. Tenga fortaleza”.
Las lágrimas seguían vistiendo su rostro de recuerdos y entonces el viejo juglar anotó. “Esto es duro. María cada día me hace más falta y siempre conté con su respaldo y el de mis hijos: Manuel Francisco, María del Socorro, Alberto, Miguel, Sol Marina, Eliécer, Amalfi y Roberto, semillas que le han dado 22 nietos y 13 bisnietos”.
Al mencionar a sus queridos hijos, retorna el recuerdo de su esposa y añade que la conoció cuando tenía 15 años y fue un amor a primera vista. “Nos entendimos de inmediato, como sucedió hasta el final de sus días. A ella le gustaba que me dieran el valor que tengo como cultor del verdadero vallenato. Nuestras vidas cambiaron para bien al llegar a Valledupar hace 48 años, y acá espero pasar los días que Dios me regale”.
El Rey Vallenato ahora camina pausado, medita mucho y habla lo necesario. Toca su acordeón para recordar esos tiempos vividos y entona sus cientos de canciones que son parte de su vida.
Siempre estuvo sentado y solamente se puso de pie para saludar al cantante Miguel Herrera, quien le grabó varias de sus canciones y destacó su valía en el folclor vallenato.
“El maestro Rada es ejemplo para todos. Acordeoneros de su categoría son únicos en el mundo vallenato. Es una gloria viviente”.
De un momento a otro ‘Beto’ Rada se emocionó y le pidió a Miguel Herrera que cantara para él tocar. Ese episodio fue sublime porque el juglar estaba en su entorno y se sintió como tocando el cielo del folclor.
Maestro, feliz cumpleaños, así la alegría se encuentre con la tristeza en la puerta de su corazón y lo haga llorar, porque llorar es un alivio ya que permite darle la mejor salida al sentimiento de un hombre bueno, noble y perseverante.
El Rey Vallenato, natural de El Difícil, Magdalena, dio las gracias por tenerlo en cuenta en esos instantes en que la vida le concede un año más y como por arte de magia aparecen recuerdos entrañables, reconocimientos ganados en franca lid musical y un sendero que conduce a un mejor mañana de la mano de Dios.

Publicado en Opinion